domingo 11 de marzo de 2012

Cebiche de pato a la huachana

Muy bien, muy bien. Mirando un poco a la infancia, se vienen a la mente recuerdos de gente estimada, imágenes, lugares, aromas Y sabores que uno lleva allí, metidos en las entrañas, y que un día empiezan a aflorar, transformándose en aquello que llamamos nostalgia.

Dice un dicho que la nostalgia por el Perú es una enfermedad que se cura con recetas de cocina. A mí a veces me da mi nostalgia huachana y es por eso que les comparto una receta de mi tía Edelmira Churrango, huachana de pura cepa, quien vino al mundo en ese barrio repleto de vegetación y cariño que es Santa María, en la acogedora campiña huachana.

Cebiche de pato
Ingredientes:

(4 porciones)
4 generosas presas de pato
1 kilo de yuca sancochada
2 cucharadas de pasta de ajo
6 cucharadas de pasta de ají amarillo
6 tazas de caldo de pollo
6 cebollas rojas cortadas en juliana gruesa
2 ajíes amarillos picados en juliana fina
2 naranjas agrias
Hojas de culantro al gusto

Preparación
Hacemos marinar las presas de pato, previamente salpimentadas, unas 7 u 8 horas con el jugo de una naranja agria.

En una olla hacemos un aderezo con aceite, ajo y ají amarillo. Cuando esté listo el aderezo desglasamos con el caldo e incorporamos las presas de pato con el jugo de la marinada. Dejamos cocinar a olla tapada por una hora y media.

En este punto agregamos las cebollas y el ají amarillo cortados en juliana. Dejamos cocinar unos quince minutos más, agregamos el jugo de la otra naranja agria. Verificamos que tenga buena sazón y le damos color y aroma con culantro picado al gusto.

Se sirve con una guarnición de yuca sancochada y estamos listos para degustar.

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Si no tenemos naranja agria, por ahí comenté que en huacho se la usa también para el cebiche, pues usamos limón...
No he puesto foto, porque no he preparado este plato ahora último y me pareció que cuando lo haga colgaré la respectiva foto.

domingo 12 de febrero de 2012

El escudo de Lima



Alguna vez me pregunté qué significaban las letras I y K que aparecen en el escudo de armas de la ciudad de Lima. Algún tiempo después supe la respuesta y, bueno, aquí la comparto con quien quiera saberlo.

«Don Carlos por la Divina Clemencia, emperador de los romanos, augusto de rey de Alemania, e Doña Juana su madre (…) por la presente es nuestra merced y Voluntad que agora y de aquí adelante perpetuamente para siempre jamás la dicha ciudad de los Reyes aya y tenga por sus armas conocidas. Un escudo de campo azul con tres coronas de oro de reyes puestas en triángulo, y encima dellas una estrella de oro la cual cada una de las tres puntas de la dicha estrella toque a las tres coronas, y por orla unas letras de oro que digan Hoc signum Vere Reginum est; en campo colorado y por timbre y divisa dos águilas negras de corona de oro de reyes que se miren la una á la otra, y abracen un I y una K que son las primeras letras de nuestros nombres propios, y encima de estas dichas letras una estrella según que aquí van figuradas y pintadas…»*

Así que las letras están relacionadas con que el escudo fue creado por Real Cédula del 7 de diciembre de 1537, siendo emperador de España Carlos V, quien firmaba todos los documentos a nombre suyo y de su madre Juana (Juana la Loca). He ahí el porqué de la inscripción.


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*En Cabildos de Lima, por E Torres Saldamando, Lima 1888, citado por Raúl Porras Barrenechea en Pequeña Antología de Lima

miércoles 1 de febrero de 2012

¿Qué ocultan las viejas zapatillas?


Muchos de nosotros debemos de haber visto esta imagen, la de las zapatillas viejas colgadas de un cable de luz o telefonía. Las zapatillas están ahí como trofeos, como si la gente quisiera dejar su huella en el mundo. He de confesar que, distraído como ando en mis pensamientos, siempre me intrigó esa costumbre.

Hace unas pocas semanas, de boca de un menor de edad de El Agustino, llegó a mis oídos esta versión que hoy comento. Las zapatillas son un mensaje encriptado, significan que en esa cuadra se vende droga.

¿Descabellado?

Vamos, la teoría suena tentadora. ¿Qué sentido podían tener sino esos objetos que encontramos por aquí y por allá? Un grupo de mafiosos deja colgadas sus zapatillas viejas para que todo fumón angustiado sepa que allí se vende la razón de su martirio. Simple y patético. De ser cierto aquello, no habría el más primitivo afán de trascender —que elevaría el acto a un honroso papel de descendiente de las pinturas rupestres de Altamira o, siendo peruano, Toquepala—, sino que lo rebajaría a una vileza, una canallada encubierta, una fechoría en ciernes…

¿Qué cree usted?

viernes 27 de enero de 2012

Sobre Búho en la torre, de Gonzalo Ontaneda



En noviembre de 2005 tuve ocasión de comentar en un diario local el poemario Búho en la Torre, escrito por mi entrañable amigo Gonzalo Ontaneda. Revisando entre mis cosas guardadas encontré el recorte y aquí lo cuelgo para quien guste leerlo.

Sopa de Letras
Sobre Búho en la torre, un libro que vale la pena

Entre las recientes publicaciones que han llegado a nuestra mesa de redacción, y bajo el interesante nombre de Búho en la torre, hallamos el primer poemario del joven poeta sanmarquino Gonzalo Ontaneda.

Un recorrido por las páginas de esta obra nos permite adentrarnos en un mundo rico en imágenes nocturnas, en disquisiciones melancólicas y en eruditas evocaciones histórico-literarias. En medio de este mundo insomne, y de alguna manera críptico, Gonzalo Ontaneda se desenvuelve con musical destreza, jugando con la palabra, entregándonos una suma de versos bien logrados, suaves, agradables al gusto y finamente hilvanados para beneplácito del lector. Y es que este joven vate respeta el espacio del lector, permitiéndole —permitiéndonos, en verdad—, como afirmaba Béguin «restituir en su integridad la contemplación asombrada y la primera presencia de las cosas». De esta manera, en pluma del autor del Búho…, el lector juega un importante rol, conversacional y dialógico, si se quiere. Esta actitud se evidencia en los versos de poema titulado «Lectura»: Ese dulce encanto./ El encanto / de hablar con los muertos. La relación entre autor y lector es cordial, se eliminan las jerarquías de superior e inferior, se crea una comunidad al magister dixit tradicional. Por esta razón en Búho en la torre no hallaremos referencias que nos conminen a seguir los pasos del autor, sino que encontraremos una invitación a caminar con él.

Formalmente la obra está dividida en tres secciones temáticas. La primera se intitula también Búho en la torre, esta es la sección más elegiaca de todas (no en vano el poema Elegía se ubica aquí). La segunda, llamada Sombras de Notre Dame, es un tributo a Víctor Hugo, a quien Ontaneda profesa evidente admiración, aquí el autor ha buscado que los personajes del inmortal autor francés vuelvan a hablar con voz propia, desde sus particulares características espirituales.

La tercera sección es una nutrida miscelánea —en verdad salvo la segunda sección toda la obra lo es—, no solo temática, sino de carácter formal —en la que como bien señala Marco Martos, quien ha escrito ha escrito un magnífico exordio a este libro—, Gonzalo muestra su conocimiento y dominio de distintas tradiciones liteararias.

En resumidas cuentas, Búho en la torre es una obra que vale la pena ser leída, pero hemos de ponerle especial interés a las próximas publicaciones de su autor, máxime teniendo en cuenta que esta es su primera producción.

miércoles 25 de enero de 2012

Breves sobre el Discurso en Loor de la Poesía




Hace unos años, como parte del curso Literatura Peruana, con Agustín Prado, en San Marcos, comenté el Discurso en Loor de la Poesía, obra de la primera poeta anónima «Clarinda». Para evitar suspicacias aclaré que no era mi intención abocarme al tema de su verdadera identidad, lo escueto del tiempo, y el arduo trabajo heurístico y hermenéutico que ello requeriría me obligaban a dar un paso al lado. Tampoco intenté un análisis de cuestiones formales y estructurales. Agregué que podríamos sumar datos que nos permitieran intentar rastrear los elementos que indican el surgimiento de una conciencia criolla, tema seguramente de vital importancia. Sin embargo ese tampoco era mi interés en esa breve exposición, que ahora, de memoria cuelgo aquí.

A mí, como supongo que a muchos de ustedes, lo primero que me llamó la atención con respecto del Discurso, fue la vastísima erudición de la autora. Las rebuscadas referencias a un pasado mítico hacían del texto un constructo abstruso y complejo. Tuve que recurrir más de una vez a un diccionario de mitología para desentrañar muchas de sus partes.

Pensé que no había lugar a dudas. La autora debía ser un personaje cultísimo, imaginé una monja al estilo de Sor Juana Inés, sólo que ésta aquí, en Lima, escondida en algún convento colonial. En mi mente construí una monja rodeada de manuscritos y de libros, alumbrada por una vela, estudiosa hasta el cansancio, hasta niveles de acuciosidad enfermizos.


Partimos de la idea de que los ideales estéticos corresponden a ciertas realidades, no a la manera de mero reflejo palurdo, sino como intelección del mundo, interiorización y reconstrucción del mismo por parte de un sujeto pensante —res cogitans— que según Heidegger, ordena el mundo —caótico de por sí— dándole un ordenamiento y cierta coherencia acorde con su propia concepción de lo que es el ser mundo. Cuando nos referimos al contexto, por tanto, no nos estamos refiriendo sólo al conjunto de hechos sociales y políticos, sino a los culturales, especialmente a los ideales estéticos vigentes.

El mundo colonial del siglo XVII

Hacia inicios del XVII, España aún estaba regida por la dinastía de los Austria, aún no acusaba los graves problemas que tuvieron que afrontar un siglo después los Borbones en su encumbramiento.

Este es el llamado Periodo de la Estabilización Colonial. Luego del periodo de gobierno del virrey Toledo, quedan sentadas las bases para el desarrollo de una estable política colonial, ya se han eliminado las encomiendas y el sistema de corregimientos funciona de manera más eficaz. El aparato burocrático se ha perfeccionado e informado sobre asuntos indianos. Toledo por ejemplo, por ejemplo, ordena la realización de una visita general —suerte de censo— para enterarse de la cantidad de tributarios y sus condiciones.

El término del gobierno de Toledo (1581) marca un hito de la historia colonial. No sólo porque hereda sus sucesores un Estado muy bien organizado, sino porque como bien señala John Murra:

«… el periodo de Francisco Toledo (1569-81) señala una ruptura en la historiografía de la región. Los mejores informantes, aquellos que desempeñaban tareas adultas en el Tawantinsuyu antes de 1552, ya eran ancianos cuando llegó Toledo. En el momento de su partida casi todos habían muerto. Lo mismo se puede decir de los europeos que conocían mejor el país y su gente…» (Murra 1975, 285)


Esta ruptura marca, a mi parecer, también un alejamiento con respecto de los antiguos ideales, tanto del conquistador bravío, sediento de aventuras épicas o laces caballerescos, como del indio orgulloso de su pasado milenario. Además debemos incluir entre estos cambios, el advenimiento de un nuevo grupo de gentes, hombres y mujeres provenientes de estas tierras, que sentían como suyo el olor del continente, me estoy refiriendo por supuesto, a los mestizos.

Sobre los españoles es sabido que una vez establecido el Virreinato del Perú, empiezan a venir peninsulares de alcurnia para ocuparse de cargos públicos. Atrás quedaban los tiempos en que la soldadesca cruzaba el mar para guerrear y gobernar. Las funciones políticas se las adjudicaban los hombres «cultos». En cuanto a los indios, debemos concordar con Carlos Lazo y Javier Tord Nicolini, cuando nos recuerdan que ya había hecho mella en su conciencia el mecanismo de desintegración de la personalidad puesto en práctica por la Corona Española. Los indios reducidos a una masa sumisa permiten un gobierno más fecundo.

Sea como fuere, lo cierto es que un territorio pacificado, se desarrollan mayores actividades culturales. Además de esto, gente nacida en este territorio empieza a elaborar productos de cultura —aun cuando se guía por las preceptivas venidas de la Península— y empieza a esbozarse una idea de situación común entre ellos, algo así como la idea de nación en ciernes.

El Discurso Literario de la Época

Señalaba con gran acierto Cornejo Polar (1964), que se impone una suerte de discurso culto, con gran influencia erudita, académica y cortesana (86), este no excluye ni elimina el discurso popular. Lo popular se mantiene vigente durante el resto de la colonia, nutriéndose del alma del pueblo, surgiendo en el anonimato, expresándose en la sátira, en la palabra aguda, en el discurso irónico.

El historiado francés Fernand Braudel afirma que las estructuras tienen larga duración, de suerte tal, que en cambios coyunturales –léase cambios casi violentos en lo inmediato–, se gestan unas formas estructurales, pero no desaparecen las antiguas, ambas conviven, coexisten, y lo hacen debiendo compartir su lugar con otras formas más antiguas preexistentes. De tal suerte, el nuevo discurso erudito debía coexistir con el popular, con el indiano oculto, pero no muerto, sino más bien latente. Lo que ocurre es que uno de los discursos es el que prevalece, y se hace discurso de élites. Era él de quien me interesaba hablar.

Contexto Literario

Ahora bien, en la época de aparición del Discurso en Loor de la Poesía, se respiran aires renacentistas. Antonio Cornejo Polar ubica el discurso en el universo renacentista. En su vida intelectual en el Virreinato del Perú, Felipe Barreda y Laos representa un mundo sumido en las tinieblas más oscuras, el mundo intelectual depende de los designios de la Corona, y, claro está, de la Iglesia. San Marcos es una cuna labrada de enseñanzas tomistas. La inteligencia se desenvolvía —entre comillas se “desenvolvía”— dentro de un esquema establecido, rígido y anquilosado al servicio del dogma cristiano. En pocas palabras no se pensaba. Al respecto él nos dice:

«La apasionada inteligencia colonial vivió adormecida, sin que hasta ella llegara el clamoreo incesante de las voces luchadoras que conquistaban el mundo para las nuevas doctrinas y para los progresos de la vida moderna».

Me parece que no podemos concordar con el panorama desolador que nos presenta Barreda y Laos. El tráfico de libros hacia América se demuestra en la misma legislación que nos presenta Cornejo Polar, siempre en su libro, cuya portada tengo de imagen ilustrativa, sobre el Discurso en Loor de la Poesía.

«Formalmente el discurso se inscribe de lleno dentro de las normas, técnicas e ideales renacentistas. Sabemos a propósito, que su autora era muy versada en lengua Toscana, lo cual nos sugiere que admiraba la literatura itálica, y que podía conocerla de sus propias fuentes. Sabemos complementariamente, que a la colonia llegaban las obras escritas en el idioma de Petrarca… pero si incluso, si ello no hubiera sucedido, y si tampoco Clarinda hubiera dominado el italiano, la vigencia de las formas renacientes habría podido ejercerse a través de la literatura española, renacentista e italianizante desde hace casi un siglo».

Como recordamos el Renacimiento está caracterizado por un profundo culto a lo clásico. Se mira el pasado grecolatino con ojos idealizantes. No en vano escritores tan influyentes como Garcilaso escriben sobre realidades distantes a la suya propia. Los poetas —incluyo bajo este término a todos los que hacen literatura— se alejan de la realidad europea de su tiempo. Paisajes bucólicos y referencias mitológicas llenan sus páginas.

Qué pasa, entonces con Clarinda, me pregunté alguna vez. Lo suyo es un discurso de época, un zeitgest, me atreví a decir. Tomé como ejemplo un discurso en honor al nacimiento de Fernando VII —si la mente no me traiciona—, redactado por Pedro Peralta y Barnuevo (estudiado por Luis Loayza). Más de lo mismo. Una lectura intediscursiva nos muestra que la producción de Clarinda tiene más valor como poemario escrito por una mujer que por innovador.

Detrás de la imagen - perros muertos en Lima


La foto que ilustra estas breves líneas, cortesía según vi, de Dedo Medio, fue colgada en el Facebook de un estimado amigo mío —cuyo apodo es, valgan verdades, el perro—. Me llamó la atención como para comentarlo, porque en estos últimos días aquella imagen de los perros muertos parece ser una de las formas más fáciles de recordarle —informarle quizá sería la palabra— qué hizo por estos lares Sendero Luminoso.

Sin embargo, los perros muertos colgados en los postes, no son sino el inicio de las acciones de un movimiento de izquierda radical que firmaba con el «slogan» Por el sendero luminoso de José Carlos Mariátegui. Pero volviendo a la foto en cuestión, esos perros aparecieron un 26 de setiembre de 1980 colgados en las calles de Lima con la poco amigable frase: Teng Hsiao Ping hijo de perra.

Para todo esto es bueno recordar que Teng Hsiao Ping o Deng Siao Ping fue el presidente de la República Popular China que logró meterse en el poder a la muerte de Mao y emprendió las reformas económicas que llevaron a China hacia esa suerte de liberalismo que la ha llevado a ser una potencia en el mundo financiero, alejándose del ala dura del maoísmo.

Así que los perros muertos, aunque resultan una imagen bastante representativa del fenómeno de la violencia, no corresponden al tiempo de mayor violencia terrorista, aunque eran sí una forma de mostrar lo que pensaba en pensamiento senderista respecto de qué hacer con aquellos que no siguieran la línea maoísta.

domingo 18 de diciembre de 2011

Las Madreselvas - Eloísa Angulo (acordes y tablatura)






-----0-3--1----1---------1-----------5--5----5-------5-------
-1/3---3--1----1---------1------5-3--6--5----5-------5-------
-------0--2--2---------2-------------7--5--5-------5---------
-------0--3--------3---------3-------7--7--------7-------7---
-------2--3------3---------3------------7------7-------7-----
-------3--1--------------------------------------------------

------5----5-------5---5-----
-0-1--6----6-------6---6-----
------7----7-------7---7-----
------7--7-------7-----7-----
------5--------5-------5-----
-------------5-------5------- Ad libitum

Am
En estas soledades que me recuerdan
...........Dm
Que me recuerdan
Los tristes juramentos que oí de ella
...........Am
Que oí de ella
Cubrirán mi sepulcro las madreselvas
..........Dm /
Las madreselvas
.................E... Dm/c/B
Que tejieron guirnaldas,
Am
para sus trenzas


-------3----3--------------3-5-7-8--3--
-3-5-6-3----3---3--1-3-5-6----------5--
-------0--0-----0-------------------5--
-------0----------------------------5--
-------2----------------------------3--
-------3------3------------------------

C ....................................G
Cuando la muerte ponga fin a mis dolores,

Entre mi cuerpo en una tumba
C................C/B/Dm
De heladas flores
E
Han de venir a llorar,
..................Am
Sobre mi tumba a gemir
......................D/C#/C/B
Las palomas que me oyeron
........E........ Am
En tu ausencia llorar.


Am
Entre los anchos mares que he navegado
..........Dm
Que he navegado
En horas de placeres que he disfrutado
............Am
Que he disfrutado.

Con lágrimas que han hecho brotar del pecho
..........Dm /
Brotar el pecho.
.................E....... Dm/c/B
En mis horas de angustia
Am
Mis sufrimientos.


El cifrado está basado en esta versión que encontré en YouTube.





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*He sacado este tema y arreglos a pedido de mi amigo Negro Agüero para interpretarlo y despedir este 2011 con una breve jarana criolla.

viernes 2 de diciembre de 2011

El cumpleaños...


Ahora que ha pasado mi cumpleaños, acabo de recordar un cumpleaños especial. Fue el dos mil dos, si mal no recuerdo. Fue martes, eso sí lo recuerdo. Ese día llegué algo preocupado. Esperaba sinceramente que mis amigos los agorenses no recordaran que era mi cumpleaños. Sabía que a esas alturas dicha opción resultaba prácticamente imposible —más aun si teníamos en cuenta las bochornosas circunstancias, que ya contaré, ocurridas en los días previos— sin embargo, la esperanza era lo último que se perdía. Camino a la universidad repasé esos tétricos —para mí, al menos, lo fueron— días anteriores. Me acerqué a los servicios de internet que ofrecen en la Biblioteca Central, y en un intento, tan desesperado como vano e iluso, por salvar mi pellejo, que empezaba a tener una textura gallinácea, envié un mensaje para la gente del Ágora. No recuerdo muy bien los términos, sin embargo, en líneas generales decía algo así como:

Muchanchos:
Les pido, es más les ruego encarecidamente, que no vayan a hacerme pasar una vergüenza de esas a las que últimamente parecemos predestinados. Por favor, si quieren saludarme, vengan y nos echamos un par de cervezas como el buen Baco manda. Pero, por favor, olviden la idea de la ridícula torta, los cánticos, sombreritos y eso. Se los pido realmente de corazón. Si aun así deciden hacerme quedar en ridículo me encargaré de vengarme personalmente de cada uno de ustedes... ¡Malditos!

Envié el mensaje e ingresé al aula. Sabía que no lo leerían, pero el enviarlo me hizo sentir un poco mejor. Recuerdo vagamente la clase, era del curso Literatura Universal. El profesor habló de Umberto Eco y El nombre de la Rosa. Aunque el tema me interesaba, atendía sólo por momentos, de más está decir que toda mi mente estaba pendiente de los extramuros del salón de clases. Imaginaba a Boris, tal como lo había prometido, ataviado con su enorme casaca marrón y un gorrito cónico —y cómico, dicho sea de paso—, llevando en las manos un torta que probablemente diría algo tan vergonzoso como ¡Feliz cumpleaños Ruchi! A su lado, Gonzalo y Percy esperarían ansiosos que se abriera el salón para en el último instante huir o entrar. Mientras el profesor mencionaba algo acerca del dinamismo de la novela policial, imaginé que Gonzalo entraría muy campante detrás de Boris y su disfraz de payaso de feria. Percy, algo dudoso, ingresaría luego, balanceándose al andar y forzando una sonrisa, obligado por las circunstancias, y yo me sentiría traicionado como Jesús o César, debiendo fingir una sonrisa amable. Coque Boris, fili mihi.

Mientras se intentaba diseccionar a Eco, recordé los sucesos del día anterior, casi pude ver aquel instante en que Boris dijo muy suelto de huesos, que todo tenía que salir bien porque él ya había planeado todo para que nos divirtiéramos. La fiesta, claro estaba, era suya. Yo debía presentarle las chicas de mi salón, y él se las llevaría a degustar comida china. Todo sería muy fácil, y divertido, solo había que seguirlo y listo. El estandarte de la corriente opositora a los planes de Boris, lo llevaba hidalgamente Gonzalo. Gonzalo obviamente había pisado algo más de calle que su oponente y propuso reunirnos con las mismas mozas, para celebrar con un brindis y luego, ir a bailar —haríamos el intento, al menos— y seguir tomando, no una borrachera, sino algo como para alegrarse y conocerse mejor. Me pareció una opción más racional, sin embargo en ambas lo común era que yo les presentaría a unas féminas que aún no conocían, y ellos se divertirían a más no poder. Al final de la jornada, todos felices y contentos. Me senté a escuchar como Boris y Gonzalo discutían, sobre cuál sería la mejor manera de pasarla bien con unas muchachas que no eran suyas —aunque ya se las habían repartido— en un cumpleaños que tampoco era suyo y con un dinero que por supuesto tampoco era suyo, ya que debían pedirle efectivo a Percy. En un momento Percy, que también había guardado silencio alzó la voz y dijo:

—Señores —Percy sentenció apuntando con el dedo índice hacia el cielo—, todo está bien, pero pregúntenle al hombre qué quiere, al final de cuentas… es su cumpleaños.

Consultado por compromiso, y a sabiendas de que poco o nada importaba ya en esos instantes mi opinión, me pronuncié a favor de la propuesta de Gonzalo. Boris se alteró un tanto, no dio su brazo a torcer y antes de irse refunfuñando nos amenazó asegurando que no importaba lo que quisiéramos hacer, porque él ya había planeado cuidadosamente cómo celebrar mi cumpleaños, que traería una sorpresa, y que por último nadie podría evitarlo, porque yo era su amigo y él, bueno, él quería celebrar mi cumpleaños con bombos y platillos, como era debido.

Cuando el profesor dijo que era la hora de tomarse un breve receso de quince minutos sentí algo semejante a un nudo genital en la garganta. Pensé en desaparecer, en huir nuevamente lanzándome por la ventana como lo había hecho la vez de las flores. Me dije que lo que debía hacer era interceptar a Boris y golpearlo en la quijada con toda la violencia del caso, lo derribaría y con él a su torta. El ridículo sería suyo, echado como un pelmazo con la torta en la cara. Quizá así podría desviar la atención y salvar mi desmejorado honor. Apenas se puso en pie el profesor salí presuroso, dispuesto a noquear a Boris —juro que esa era mi intención— sin embargo lo encontré sentado tranquilamente en la baranda, junto a Gonzalo. No habían traído la torta ni los estúpidos gorritos.

—¡Eh, feliz cumpleaños, compadre!— dijeron al unísono.

Respiré hondo y lentamente. Mis peores temores habían quedado de lado y podía al fin sonreír feliz de la vida. No exagero al decir que estuve feliz, como no lo había estado ni lo estaré en mucho tiempo. Con una amplia sonrisa me acerqué a saludarlos.

—No pude traer las cosas, Percy no se quedó— agregó Boris algo molesto y acongojado por no haber podido llevar a cabo su cometido, y por la falta de liquidez.
—No te preocupes hermano, esto es lo que yo realmente esperaba, un sincero: «feliz cumpleaños», eso y nada más, nada de vergüenzas conmigo— dije sin poder ocultar mi alegría.

Ilusamente creí que las cosas quedarían ahí, que no iba a pasar vergüenza alguna, pero olvidaba que estaba hablando con Boris, el maestro de lo inverosímil, aquel individuo que, actuando junto con nosotros —sería injusto quitarnos el mérito correspondiente— era capaz de llevar el ridículo a la condición de arte virtuosa. Sí, en ese momento había olvidado que habían prometido ir al día siguiente, el miércoles, para bailar con algunas de las chicas.

El miércoles fue literalmente un día de miércoles. Tras los saludos respectivos, empezaron las actitudes extrañas. Hasta ahora no sé si ellas se acordaron o no, de la susodicha reunión que teníamos para ir a danzar —teóricamente, para danzar como lo hacían nuestros ancestros cavernícolas, en sus oscuras grutas, antes de dedicarse a follar a la luz de las teas—, o si acaso no les dio la gana de venir o algo así, lo cierto, es que estuvieron sentadas a unos metros de donde mi patético —en ese momento lo éramos— grupo de amigos aguardaba. Tras una media hora la espera terminó por exasperar a Boris, quien, cuando las féminas se retiraron, no tuvo mejor idea que alzar los brazos y clamar a los cuatro vientos nuestro infortunio, que en realidad era el suyo propio, ya que a esas alturas, los demás simplemente queríamos libar como Baco ordena a sus huestes. Para mala suerte nuestra una de ellas se había retrasado y al lado de su enamorado vio el deplorable espectáculo de un grupo de adultos, casi geriátricos, en el que uno de ellos lloraba porque quería ir a bailar como si fuera un mozalbete.

Tras las bochornosas situaciones Boris dijo que no quería beber licor —esto es algo que él no hacía porque aseguraba que su decencia se lo impedía— como los demás. Algo irritados, decidimos ignorarlo e ir. Decepcionado, él se fue a su casa cabizbajo. Cuando volteamos, sólo vimos a lo lejos, su figura que se alejaba a paso lento. Pensamos en detenerlo y no dejarlo solo, pero acordamos sin mediar palabra que no podíamos ceder cada vez que decidía no hacer algo. Seguimos caminando a paso firme con dirección a las cantinas. Con los primeros sorbos de cerveza nuestros papelones quedaron de lado y sólo nos sirvieron para reír a mandíbula batiente, no sin antes soltar un par de insultos y burlas para con el bueno de Boris.

martes 22 de noviembre de 2011

Sobre el primer Ataque Metal 1988


«En esa fecha, el 25 de febrero de 1988, había fallecido el líder aprista y presidente del Senado, Ramiro Prialé. Ese fue el pretexto para que los búfalos tomaran el local de la Garcilaso y de paso, suspendieran el concierto. Que nada tenía que ver en el asunto.

Trancaron la puerta y no dejaron entrar a los metaleros que estaba afuera del local, ni salir a los que ya estaba adentro en el auditorio. Gritaron que los metaleros eran representantes del imperialismo, lo que desencadenó una broncaza que paralizó el tráfico en las avenidas Petit Thouars y Arequipa. Hubo disparos, corrían los policías. Los búfalos y la gente tiraban piedras. Pino y Mustafá quedaron secuestrados y tuvieron que esconderse en un salón para evitar que los lincharan por imperialistas. Finalmente la PIP los rescató de los búfalos, pero a otros sí les fue mal.

El dinero de las entradas si las devolvieron en La Colmena —antiguo punto de reunión de los metaleros de Lima—, como lo había anunciado el Lobo Víctor. Todos los que recibieron la entrada pudieron entrar con ella al siguiente concierto.

En lo referente al afiche, el dibujo del centro representa la discusión y expulsión del Mono Rafo de la horda por buscar la amistad de los metaleros con los punks (un tabú en esos tiempos anteriores al concierto).

Al costado del logo de Curriculm Mortis una nota aclaratoria dice ultra speed metal. Se hizo para que no los relacionaran con el hardcore o el crossover que todavía no eran aceptados abiertamente».

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Comentario a foto del afiche, tomado del Facebook de Giovani Viale, Ex Insaner, hoy en GX.

jueves 3 de noviembre de 2011

El patio de Percy

Puesto que hemos estado hablando de sombras, he recordado una historia que se me antoja contarles.

Nunca había tenido —y quizá nunca los vuelva a tener— tantos visitantes mi buen amigo Percy, como el verano del año dos mil cinco. Ese fue un año fructífero para todas las relaciones humanas que el buen Percy buscaba entablar. El punto de reunión era su patio, un espacio pequeño, alegre, acogedor y bien ventilado en el que su esposa había acopiado con mucha delicadeza algunas simpáticas macetas. Nos reuníamos allí a conversar a tomar unas cervezas y disfrutar del aire libre. Sí, ese era el patio de Percy, lugar inolvidable.

Un par de años antes Percy había decidido casarse y en la reunión, que dicho sea de paso fue apoteósica y memorable, no pudimos evitar preguntarnos si acaso habíamos perdido un amigo. Esos temores se acabaron un corto tiempo después, cuando nos invitó a su casa para respirar un poco de aire puro y, digámoslo así, ver el panorama. No entendimos de buenas a primeras, el panorama, más allá de las macetas y unos cuantos fragmentos de casas vecinas, no era muy alentador.

—No se preocupen, ya va a empezar el show —aseguró nuestro anfitrión muy tranquilo y se cruzó de brazos.

Y el show empezó.

El panorama lo constituía una silueta femenina, cuya habitación daba al patio de Percy, la cual gustaba de cambiarse de ropa —con felina delicadeza— quitándose prenda por prenda sin preocuparse demasiado de que su imagen, interponiéndose a la luz como en un circo chino de sombras, mostraba mucho de lo que allí sucedía a los ávidos ojos de los que estuvieran del otro lado de la cortina.

Sí, el patio de Percy fue famoso, y lo siguió siendo incluso luego de aquel día en el que recibió la visita de su padre y amigos de aquel. Resignado al ver que la danza de la lluvia no había funcionado y que ya llegaba la hora del circo chino, Percy trató de distraerlos haciendo un truco con marionetas e incluso, según nos confesó, estuvo tentado a soltar alguna cucaracha para que espantara a los visitantes, pero nada pudo evitar lo que ocurrió. Mientras Percy hablaba las prendas fueron cayendo una tras otra, el bailecito empezó y las sombras dejaron mucho a la imaginación. El silencio se hizo entre los invitados y si bien aquello no significó el fin del asunto, fue sí la premonición de la muerte.

Cuentan que una tarde, luego de cenar, Percy tuvo a bien sentarse a tomar algo de aire en el patio. Acomodó su silla. Cruzó los brazos a la altura de la nuca y encendió un cigarrillo para disfrutar la función, pero, en el preciso instante en que las primeras prendas empezaban a caer, llegó su esposa trayendo un jugo de piña para tomar juntos.

Nadie dijo nada. Tomaron el jugo en silencio. Percy prefirió ir a ver algo de televisión, una película, dijo, cosa que su esposa aceptó sin protestar. A la tarde siguiente, cuando llegamos a visitarlo, nuestro buen amigo, algo cabizbajo nos contó lo sucedido. No había sido tan trágico, le dijimos, tal vez su esposa no se había dado cuenta. Cuando nos sentamos a la mesita en el patiecito comprendimos el porqué de la expresión de Percy. En lugar de la cortina había un pedazo de triplay en la ventana vecina.

Como dije. Nunca ha sido tan concurrido el patio de Percy como aquel verano de dos mil cinco.

sábado 29 de octubre de 2011

«El hombre sin sombra II» o el calato más peligroso del mundo

Cualquiera que haya leído el título de este post ya se dio cuenta que no soy fanático de este mamarracho fílmico y, aunque no es mi intención hacer crítica de cine, puedo sí expresar mi opinión al respecto como hombre libre que soy.

Sí, ya sé que alguien estará diciendo qué si no me gusta esa película, entonces qué sentido tenía estar ahí sentado viéndola, la verdad yo tampoco le encontré sentido y de hecho no terminé de ver esa tontera. Quizá podamos achacarle eso de ver cualquier bodrio que nos pongan al frente a la, flojera. Ya saben lo que pasa, enciende uno el televisor, y al estar lejos el control remoto del decodificador (puesto que ahora es imprescindible tener dos o tres de esos aparatitos alrededor si uno no desea pararse a buscarlos), se sienta y ve lo que sea que esté ahí para ver si la historia lo atrapa —claro, dentro de esta categoría no entran programas deplorables de farándula o de humor vulgar, que lo catapultan a uno a apagar el televisor—. Pues bien, eso fue lo que pasó conmigo y este film.

Vayamos por partes, «El hombre sin sombra II»* puede ser resumido como una estúpida película en la que un invisible tipo, que a la sazón está completamente desnudo porque su ropa no es invisible, corre por ahí poniendo en aprietos al FBI, al Ejército de EEUU y a un grupo de científicos poco inteligentes que no se dan cuenta que ante la calatería del enemigo, bastaría con romper un foco y cortarle la planta de los pies al condenado para sacarlo de circulación. Algo gracioso es que el tipo no solo sobrevive a un violento atropellamiento (del cual el auto agresor sale más perjudicado que el propio calato, con abolladuras en el parachoques, el parabrisas roto y el techo hundido) sino a la pulmonía que lógicamente cogería por andarse por ahí corriendo en traje de Adán mientras los demás andan bien enchompados. Díganme si no es ridículo.

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*No he visto la primera parte, pero no es difícl imaginar que gira sobre el mismo endeble argumento, un calato indestructible que corre por ahí metiéndole miedo a la gente con sombra.

sábado 15 de octubre de 2011

Homenaje y condecoración a Edgardo Rivera Martínez en San Marcos



CONGRESO NACIONAL DE LITERATURA LAS IDEAS DE NACIÓN EN LA NARRATIVA PERUANA DESDE LOS AÑOS 50’S HOMENAJE A EDGARDO RIVERA MARTÍNEZ DEL 17 AL 21 DE OCTUBRE






Lugar:
Auditorio Principal de la Facultad de Letras y CC. HH.

PROGRAMA
Lunes 17 de octubre de 2011

Inscripción y entrega de credenciales
14:00 – 15:30 hrs.

Inauguración
15:30 – 16:30 hrs.
Marco Martos Carrera – Decano de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas (UNMSN)
Antonio González Montes - Coordinador del Departamento de Literatura (UNMSM)

Presenta: Daisy Chumbimune Saravia

Mesa 1
Para un ideario de nación: Enrique Congrains, Luis Loayza y Oswaldo Reynoso
16:30 – 18:00 hrs.

César López Núñez (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) Visión de la nación en El avaro de Luis Loayza y Lima, hora cero de Enrique Congrains

Daniel Romero Suárez (Pontificia Universidad Católica de Perú) Conflicto de identidad. En octubre no hay milagros de Oswaldo Reynoso

Claudia Berríos Campos (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) Lima es una isla: la proyección de una imagen de nación en Otras tardes

Modera: Gabriel Cueva Hernández


Mesa 2
Voz y utopía de negro: Incursiones a la idea de nación desde los estudios afroamericanos
18:00 – 19:00 hrs.

Richard Leonardo Loayza (Universidad Nacional Mayor de San Marcos / Universidad Nacional Federico Villareal) Ciudadanos en trance. (R)evoluciones del personaje afrodescediente en Crónica de músicos y diablos de Gregorio Martínez

Milagros Carazas Salcedo (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) El mosaico cultural afromestizo en la narrativa de Gregorio Martínez

Modera: Giancarlo Sevillano Mendoza


Martes 18 de octubre de 2011

Mesa 3
Armar la nación desde el indigenismo: De José María Arguedas a Manuel Scorza
15:30 – 17:00 hrs.

Julio Carrascal Pretell (Universidad Nacional Federico Villareal) Los procesos liminares del sujeto heterogéneo: Ernesto en Los ríos profundos

Óscar Gallegos (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) Género, canon y nación en El zorro de arriba y el zorro de abajo de José María Arguedas

Víctor Huamalíes Chirito (Universidad Nacional Federico Villareal) La refracción de la nación peruana en crisis del tiempo heterogéneo: Garabombo, el invisible de Manuel Scorza

Modera: Carolina Gonzáles García

Mesa 4
Julio Ramón Ribeyo, apuntes para una aproximación a la visión de nación
17:00 – 18:30 hrs.

Benggi Bedoya Rosales (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) Identidad y representación en “Tres historias sublevantes” y “Gallinazos sin plumas”. Un análisis comparativo.

Jorge Ramos Cabezas (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) Los geniecillos dominicales de Julio Ramón Ribeyro o el testimonio ficcional del desplazamiento de una clase tradicional

Sonia Luz Carrillo (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) La imagen de un excluido del festín de la vida en un cuento de Julio Ramón Ribeyro

Modera: Lucía Pariona Pérez


Miércoles 19 de octubre de 2011

Mesa 5
Diálogo intergeneracional. Narradores testimonian la nación
15:30 – 17:00 hrs.
Roberto Reyes Tarazona
Jorge Valenzuela Garcés
Giovanna Pollarolo


Modera: Jazmín Moscoso Flores

Mesa 6
Desarraigo y sujetos atípicos. Intrusiones a la cuentística de Edgardo Rivera Martínez
17:00 – 18:30 hrs.

Raúl Varillas Estrada (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) Nuevas figuras del artista en la cuentística de Edgardo Rivera Martínez

Edgar Álvarez Chacón (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) Modernidad y desarraigo. Apuntes sobre la cuentística de Rivera Martínez

Fiorella León Mango (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) Deconstrucción del saber del sujeto intelectual en “El cuentero” de Edgardo Rivera Martínez

Modera: Bertha Cueto Abanto

Mesa 7
La novelística de Rivera Martínez: ¿Transculturación feliz? Nuevas lecturas de País de Jauja
18:30 – 20:00 hrs.
Edgar Deza Alejo (Universidad Nacional San Agustín de Arequipa) La representación y los espacios compartidos del amaru en Todas las sangres y País de Jauja

Javier Hidalgo Tupia (Universidad Nacional Mayor de San Marcos). El antropólogo José María Arguedas y País de Jauja. Lecturas intertextuales

Roger Zapata (Universidad Nacional Mayor de San Marcos / Montclair State University) La utopía andina en País de Jauja

Modera: Krystel González Cuadros


Jueves 20 de octubre de 2011
Mesa 8

Nuevos asedios a la cuentística de Rivera Martínez
15:30 – 17:00 hrs.

Leyla Casaño Vera (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) Modernidad y mito andino: la construcción del nuevo espacio andino en “Marayrasu”

Ramiro Chávez Miranda (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) Manifestación del fenómeno fantástico en tres cuentos de Rivera Martínez

Hildebrando Pérez Grande (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) La escritura incluyente de Edgardo Rivera Martínez

Modera: Helen Garnica Brocos


Mesa 9
Inclusión y comunicación: Para una poética en la cuentística de Rivera Martínez
17:00 – 18:00 hrs.

Antonio González Montes (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) El individuo y los otros: Comunicación o incomunicación en los cuentos de Rivera Martínez

Américo Mudarra Montoya (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) Una visión de la narrativa de Edgardo Rivera Martínez a partir del cuento “Amaru”

Modera: Lenin Pantoja Torres


Presentación de libro
18:00 – 19:00 hrs.
Mundos imposibles. Lo fantástico en la narrativa peruana de Elton Honores Vásquez
Comentan: Américo Mudarra Montoya y Antonio González Montes

Presenta: Francisco Pelayo Jara

Viernes 21 de octubre de 2011
Mesa 10
Edgardo Rivera Martínez: cuentista, novelista, narrador universal
15:30 – 17:00 hrs.

Ofelia Vilca Mendoza (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) Identidad y memoria en el relato de Edgardo Rivera Martínez “Rosa de fuego”

Nécker Salazar Mejía (Universidad Nacional Federico Villareal) El retorno de Eliseo: una aproximación a la técnica del cuento de Edgardo Rivera Martínez

Mauro Mamani Macedo (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) Cuerpos forasteros e identidades firmes: Edgardo Rivera Martínez y José María Arguedas

Modera: Andrea Chinchay Pajuelo


Mesa Central:
17:00 – 18:30 hrs.
Manuel Larrú Salazar – Director de la Escuela Académico Profesonal de Literatura (UNMSM)
Carlos García-Bedoya Maguiña – Miembro del Comité Académico
Edgardo Rivera Martínez

Presenta: Daisy Chumbimune Saravia

Clausura:
Entrega de la “Medalla de la FLCH” a Edgardo Rivera Martínez

Actividades Paralelas
Venta de libros

Comité Académico
Dr. Marco Martos Carrera
Dr. Tomás Escajadillo
Dr. Ricardo Gonzales Vigil
Dr. Carlos García-Bedoya
Dr. Camilo Fernández Cozman
Dr. César Ferreira
Dr. Julio Ortega
Dr. José Antonio Mazzotti
Dr. Jorge Valenzuela
Dr. Gonzalo Espino
Dr. Ismael Márquez


Comité Organizador
CELIT - UNMSM
Manuel Larrú Salazar (Director de la EAP Literatura - UNMSM)
Antonio González Montes (Coordinador del Dpto. Literatura - UNMSM)
Hildebrando Pérez Grande
Mauro Mamani Macedo
Dorian Espezúa Salmón