viernes, 26 de febrero de 2010

Bird watchers, aves y dinosaurios ¿y cuando el perro se llame Jorge?

No todas la aves van al cielo, pero sí lo hace la gran mayoría. Salvo curiosas minorías en las que están las gallinas regordetas y los semidesnudos avestruces, la mayoría de las aves despliega sus alas y se eleva por los aires en ese mágico desplazarse que llamamos volar.

Durante miles de años los seres humanos hemos estado fascinados por el vuelo de estos seres. Leonardo da Vinci fue un atento observador de las aves, también lo fueron los griegos cantores de las hazañas de Ícaro y Dédalo y lo fueron también tantos otros anónimos que los vieron ir de rama en rama aleteando como si fuera la cosa más natural del mundo.

Hace no mucho que el turismo de bird watchers (observadores de aves) viene siendo importante en el Perú y uno quizá podría preguntarse qué pasa por la cabeza de estos señores y si será que acaso tienen pajaritos en la cabeza. Basta salir una mañana muy temprano —haga el esfuerzo, no sea ocioso— cuando las aves se despiertan y descubra usted lo fascinante que puede ser esto de observar aves. Desde las aves más comunes como los chivillos que se roban el pan que un descuidado panadero deja colgada en la reja de una casa vecina hasta los cernícalos que sobrevuelan en círculos esperando capturar alguna presa, las aves no dejan de sorprenderme.

Cuando veo pasar alguna me pregunto si acaso las aves al levantar vuelo saben adónde van, o si acaso son como nosotros, que a veces salimos y a falta de un mejor destino solo caminamos y caminamos para distraernos o matar el tiempo.

Por cierto, cuando veo las avecillas picoteando semillas sobre el pasto, no puedo sino imaginármelas como si fuesen dinosaurios en miniatura que ahora pululan por ahí armados de picos y plumas, pero luego de meditarlo, cosa descabellada parece imaginarse que las escamas de los reptiles un día evolucionaron hasta convertirse en plumas para volar, ¿en qué momento una escama dice, caramba, si me vuelvo pluma mi dueño volará?, ¿en qué momento el dinosaurio dice, hoy me lanzo al vacío porque ya puedo volar?

No me molesten, para mí el ave siempre fue ave, y el dinosaurio… dinosaurio, pero... ¿qué pasaría si eso cambiara?

Para salir del tedio los dejo con un poema genial de Jorge Eduardo Eielson que leí en mis años escolares gracias a mi hermanita.

Caso nominativo
todavía no todavía
el cielo se llama cielo
el perro perro
el gato gato
todavía mi nombre es jorge

¿pero mañana
cuando me llame perro
el perro jorge
el gato cielo
el cielo gato?

¿mañana
cuando tu pierna se llame brazo
tu brazo boca
tu boca ombligo
tu ombligo nada?

De Tema y variaciones
(EIELSON, J.E. Poesía escrita (ed. M.Canfield) Santa Fé:Norma, 1998, p.132)

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