miércoles, 23 de septiembre de 2009

Ollanta Humala encabrita la política peruana



Estuve leyendo este inicio de semana algo sobre las declaraciones de Ollanta Humala, quien en resumidas cuentas ha dicho que la política peruana está llena de cabrones: "Yo tengo libertad porque yo no me escapé a Japón, como el cabrón de Fujimori, ni fui a Colombia, como el otro cabrón de García. Yo me quedé en el Perú”, dijo el lider del Partido Nacionalista.

Creo que Humala se equivoca al decir que Fujimori y García son unos cabrones por haberse escapado a otro país -lo que no quiere decir que no tengan su corazoncito de dudosas inclinaciones oculto por ahí-, ya que lo suyo no fue una cabronada, sino una pillería y eso es muy distinto. Otro adjetivo, pues hombre.

Fuera de eso, y ya que Ollanta habla del tema, es probable que la política peruana, al igual que la televisión, sí cobre tales matices y que bueno, quien sabe algún día aparezca una congresista con cabello y voz de hombre o un presidente del Parlamento que parezca una señorona, son cosas que pueden ocurrir, pero de ahí a desacreditarlos, vamos, se les puede exhortar a que cambien de opción, pero de ahí a lo otro, es un poco mucho.

Las declaraciones de Ollanta hacen recordar a las de su padre, quien quería fusilar a todos los rockeros, homosexuales, chilenos, salseros, y cuanta cosa hubiera sobre la faz de la Tierra y que no fuera humalista.

Pero ya que hablamos de cabros -en jerga peruana, homosexuales o también llamados "chivos"-, recordaba que aquella expresión parece provenir de la costumbre de las cabras montesas, entre las cuales, tras una lucha de machos por un harem de hembras, el macho perdedor pasa, muy coqueto él, a incluirse al harem del vecedor para -digámoslo así- dar rienda suelta a toda su cabronada y hacer las paces.

Finalmente, muchas veces hablamos del chivo expiatorio. Todos alguna vez hemos escuchado aquella frasecilla y, aunque sabemos a qué se refiere, la verdad es que no sabemos de dónde proviene. El tal animalito, macho joven del ganado caprino, era -en el pueblo hebreo-, un animal de sacrificio. Así como se derramaba la sangre de un cordero para el perdón de los pecados una vez al año, también se buscaba a su pariente chivo, el cual, cargado de todos los pecados y roñas de la comunidad era apedreado y abandonado en el desierto para que se lo llevara el diablo. Después dicen que no hay sin suerte...

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Exprésate