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martes, 5 de abril de 2011

Made in Perú


Made in Perú acaba de escribir en su twitter que odia todo lo que tenga que ver con las transnacionales. Envía desde su celular Claro con touch screen (marca Motorota y gerenciado por Telmex) el tweet a la página de Internet y sonríe complacido. Por la tarde asiste a la Plaza San Martín, a un concierto organizado por una ONG local en la que la estrella, el grupo T.L.C. (Transnacionales Límpienme el Culo) toca su emblemático tema «Globalización inmunda».

Made in Perú no puede evitar sumergirse en el pogo, el odio enciende sus venas y grita el coro «respeta mi cultura» a vivo pulmón mientras su cuerpo regordete por los años rebota contra otras texturas humanas. Al final de la jornada queman un ataúd con el nombre del ministro de Economía mientras un grupo de teatro de muchachos disfrazados como ratas repta por los jardines repitiendo una frasecilla «la plata viene sola» una y mil veces.

Finalizado el concierto Made in Perú se arregla la cabellera, toma un microbús (marca Nissan) que la deja en Benavides y ya en su casa se encierra a escuchar en su mp3 Sony algo de música de TLC, su banda favorita.

domingo, 3 de abril de 2011

Médico a Palos o el caso de la amputación errónea


Mientras se lava las manos Médico a Palos maldice aquel día en que su padre, fanático de la literatura, tuvo a bien bautizarlo con ese libresco nombre. Ya de vuelta en el escritorio pasa revista a la lista de pacientes y suelta un «animales de mierda, hubiera sido veterinario», que le sale de lo más hondo de su ser. De un grito llama a la señorita técnica en enfermería Malagracia Prepotente, y le pregunta si al fin se fue la reportera esa que vino a indagar por el caso del señor que se queja porque le amputaron la pierna equivocada. Médico a Palos escucha muy molesto que la señorita aquella y su camarógrafo están paseándose por el hospital, según dice la señorita Prepotente, «metiéndoles ideas subversivas a los pacientes».

Médico a Palos despide a la técnica y vuelve a mirar la lista de pacientes, piensa que en qué mala hora vino a atender a estos personajes anónimos a los que no recuerda y cuyas dolencias puede confundir porque «estaba cansado, pues, carajo, ¿acaso en este país de mierda no puede uno cansarse?».

Médico a Palos vuelve a lavarse las manos —cosa que le molesta hacer, pero no puede evitar cada vez que está nervioso— y en ese momento recibe la llamada de su amigo Doctor Corrupto, quien le asegura que intentarán arreglar las cosas por lo bajo, le ofrecerán algo de dinero a los familiares y si eso no funciona se cerrarán en decir que el paciente de todas formas tenía esa pierna comprometida. «Si nada de eso funciona, cosa que no creo, sales un tiempo y luego te reubicamos, hermano. Además es casi imposible que un hijo de vecinos le gane a toda una institución tenemos las de ganar», agrega su colega. Médico a palos sonríe, llama a la señorita Prepotente y e pide un café con tres cucharaditas de azúcar. «Bien cargado, por favor», dice y hace un guiño con el ojo izquierdo.

sábado, 2 de abril de 2011

El Egresado de Gastronomía

El Egresado de Gastronomía está feliz de la vida porque le entregarán su diploma y al fin podrá dejar de ser el practicante al que nadie respeta y mientras va al trabajo en una combi que lo deja en la Conquistadores piensa en cómo avanza la vida y en cuán afortunado es ahora que pasará a ser cocinero en el restaurante aquel que sirve platos mediterráneos.



Al llegar al restaurante, el Egresado de Gastronomía observa a unos estudiantes de cocina que salen de allí apurados con su uniforme blanco —un uniforme típico de estudiantes sin experiencia, que lleva bordado el nombre de una escuela de cocina— y piensa que aquellos pobres diablos tienen todavía un largo tramo por recorrer y que seguro los pobres estarán gastando alrededor de mil soles al mes para poder estudiar y el Egresado de Gastronomía cruza el umbral sonriendo, sabe que un chef puede llegar a ganar seis mil soles en un buen restaurante y que cuando gane eso se comprará la motocicleta con la que sueña desde que era un simple estudiante.

Cuando está a punto de entrar a la cocina el administrador se le acerca al Egresado de Gastronomía y le cuenta que ya no pueden tenerlo en el trabajo porque no podrían pagarle el sueldo que merece, que ya han conseguido a nuevos practicantes que trabajarán cobrando propinas mientras aprenden y, mientras le palmea la espalda, agrega que pueden darle una buena carta de recomendación.

Camino a su casa el Egresado de Gastronomía suelta una palabrota al ver una Escuela de Cocina a la que entran muchos jóvenes ataviados con uniforme blancos y enormes mochilas.