jueves, 3 de enero de 2013

Prohíben el reggaeton en Cuba - ¡Viva Cuba!

«Es increíble hasta dónde se restringen las cosas en Cuba», dice El Comercio en su suplemento ESCAPE (edición jueves 3 de enero del 2013), el motivo, en la Isla se prohibió el reggaetón por tener letras obscenas, agresivas y vulgares.

Pero quizá exagera El Comercio, la prohibición se da para quien se atreva a transmitir esa música en espacios públicos, pero no para el que quiera oír esa sucia música en su casa. La verdad debería ser prohibido un género cuyas mediocres letras denigran a la mujer, cosificándola a mero objeto sexual, y estupidizan a los que lo oyen.

Si no vean esta letra de una «canción» llamada «Mi gatita y yo» (no subo la música porque ni soportará oírla y he dejado los errores ortográficos porque imagino que así escriben los que la hicieron)

Oye, mami
Tu eres mia, vamo'a donde quiera´
Yo ofrezco un viaje pa' la luna o pa' las estrellas
Antes de eso nos bebemos un pal de botellas
Y botamos dinero hasta que amanezca, mi nena
Yo sere tu papi, tu seras mi mama
Si yo veo que te gusta, ma', yo te voy a dar
Donde quiera que tu quieras yo te voy a llevar
Y donde quiera que yo vaya yo la voy a montar
Y si te gusta el maquineo vamo'a la playa
Si no te gusta la playa, pa' la piscina
Yo lo que quiero, nena, es verte en tanga
Y si quieres emocion yo uso yombina

La mujer según el reggaeton
Al otro extremo tenemos la televisión peruana que promueve esa música sin importarle el contenido de sus letras, pero pone el grito en el cielo cuando una muchacha es violada o se escandaliza cuando se tienen informes de la cantidad de embarazos de muchachas en edad escolar.

La libertad de expresión… cuántos crímenes se cometen en su nombre, limitarla es un crimen, pero usarla para el envilecimiento es una inocentada.

Pero en algo —a pesar de sus buenas intenciones— se equivoca el gobierno de Cuba, el reggaetón no debe ser combatido con prohibiciones, debería serlo con inteligencia, porque alguien que usa las neuronas no se detendría a canturrear las cojudeces seudomusicales (disculpen la expresión, pero eso son) de esos mandriles reggaetoneros.