sábado, 15 de diciembre de 2012

La Carta de Álvaro Vargas Llosa a Torre - Tagle - ¿Traición o llamado a la cordura?

El 15 de diciembre pasado Álvaro Vargas Llosa publicó una carta para Torre - Tagle —vale decir, para la Cancillería peruana—, en la que muy a grosso modo comenta que las posibilidades de una victoria peruana ante la Corte Internacional de La Haya son mínimas.
 
La carta, publicada también en el diario La Tercera de Chile, ha sido duramente criticada en medios peruanos, especialmente en los sectores informales, donde los nacionalismos exacerbados han llevado a algunos a pedir la cabeza de «Alvarito» en una fuente.

Hoy que escribo estas líneas, he leído unas declaraciones de Víctor Andrés García Belaunde, en las que el  congresista y presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso señala que Vargas Llosa (según publica la edición virtual de El Comercio), «no tiene autoridad ni académica, ni política ni histórica para hacer ese tipo de comentarios».

Reacciones airadas van, reacciones airadas vienen, lo cierto es que la carta de Vargas Llosa —no sé si todos los que la critican la han leído detenidamente—, no dice nada ofensivo y  dudo mucho que los argumentos por los que considera débil la posición peruana no los hayan pensado en Chile, salvo que creamos que Alvarito posea un genio capaz de descubrir lo que nadie, en Perú o en Chile, ha logrado ver.

Entonces el problema no es que alguien diga esas cosas, sino que sea un peruano el que no repite el estribillo aquel de que tenemos todo de nuestro lado para ganar.

Todo eso se puede resumir a la cuestión de cuál es la información que manejamos en Perú respecto de la situación del litigio… casi ninguna, salvo que tenemos todas las de ganar por que la Declaración de Santiago de 1952 y el Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima de 1954 no constituyen un tratado definitivo. ¿Qué sabemos de los contras? Nada.

Como se ve, ante una ola de optimismo desmedido y patriotero, la posibilidad de una derrota en el imaginario popular es remota, por no decir nula.

Pero siempre está la pregunta que no se quiere formular: ¿Qué pasaría si no gana la propuesta peruana? Nadie aquí en Perú nos ha preparado para esa opción.

El recuerdo de la poco alturada respuesta colombiana al fallo de La Haya nos da una idea de a qué nos exponemos. Si a Vargas Llosa ya se le quiere quemar en una hoguera —y probablemente a mí también por atreverme a redactar estas líneas—, ya podemos imaginar que el síndrome: 


Podíamos haber ganado, pero el árbitro nos robó el partido.


Encenderá pasiones al borde de lo irracional. ¿Debemos arriesgarnos a eso a ojos cerrados?