miércoles, 20 de junio de 2012

Qué poco han cambiado las cosas con el campesino – opinión de un «señor» en el siglo XVI

Si bien es verdad que uno de los tópicos más usados es el beatus ille, que resalta la vida sosegada en el campo, no es menos cierto que desde hace mucho al campesino se le mira como teniéndolo en menos. Leyendo encontré algo que quiero compartir para que nos demos una idea de cuán poco ha mejorado la situación.

Fray Juan de Pineda, en su obra Diálogos Familiares (1589), reproduce una frase que bien podría haber pensado un presidente gordinflón que considerara a los campesinos como ciudadanos de segunda clase, o un empresario minero al que le importase poco la vida de los trabajadores del campo.

«Sobre haberlos de hacer pagar las rentas de sus heredades, han de ser llevados a la cárcel, y después dicen, donde se hallan, que les robamos y que no trabajan sino para nosotros, y si les quitamos los arrendamientos, dicen que con hambre los queremos sacar del mundo, y, si por algún año escaso de los frutos de la tierra los esperamos hasta el otro en que cojan más, no bastamos a c obrar dellos sin rencillas; y, como con la necesidad se nos meten hasta los hogares, piando como gorriones de invierno, por algún granillo, ansí viéndose con un silo de trigo y un puerco muerto y una pipa de vino, no nos estiman en el ribete bermejo de su caperuza. Guárdeos Dios de su furia cuando se juntan a consejo sobre si moverán pleito contra los señores; que el uno se ofrece a trotar por los caminos y el otro que socorrerá con dineros para el pleito, y el otro que con trigo, y el otro que con vino en echando la cuba, y otros votan al Santo Viceto de vender sus hijos para ello, y aún otros, que son más acedos, se traban de las barbas jurando que aunque sepan comer mujer e hijos, no desampararán el pleito».

Qué poco han cambiado las cosas.
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Citado por el historiador, antropólogo y lingüista español Julio Caro Baroja (ver la foto adjunta) en su obra Las formas complejas de la vida religiosa (Madrid 1985).