viernes, 2 de abril de 2010

Tantas veces, Pedro

Aprovechamos la Semana Santa para comentar algo sobre un personaje que nos enseña mucho con su forma de ser espontánea, acomedida y por eso mismo errática. Claro, estamos hablando de Pedro el apóstol.

Acomedido como pocos, Pedro se equivocó como ninguno y en cada vez que se equivocó fue levantado por Jesús. Esto a nosotros nos sirve de ejemplo de cómo el tropezar no implica ser desacreditados y cómo la gracia y el perdón están allí a la espera. (Mateo 18 21, 22 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun setenta veces siete.

Y es que es así, Pedro estaba por allí siempre como ese niño que sigue a su madre y le pregunta y la llena de porqués casi hasta el cansancio.

Pero un día Pedro quien había jurado no hacerlo, negó tres veces a Jesús (Mateo 26 33, 34) Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré. Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces”.

Ahora bien, lo interesante del caso es que —contrariamente a Judas, quien nunca se arrepintió de sus fechorías y, presa de un fuerte remordimiento se suicidó—, Pedro se arrepintió y Jesús lo perdonó, esto se ve en Juan 21: 15-17

Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos.
Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.
Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.

Ni más, ni menos un ejemplo de la caída y el perdón. ¿Qué les parece?

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