viernes, 23 de noviembre de 2007

Enemigo mío. Apuntes sobre algunas formas de racismo.

A raíz de un afiche del Festival de Cine de Lima, que acusado de tener contenido racista, causó cierta polémica, estuve pensando algunos asuntos y ahora cuelgo esta disquisición. Aquí voy a tratar de agrupar, muy someramente algunas formas de racismo en dos grandes grupos.

El racismo exclusivo
Hace no muchos años, el mundo se sorprendía por la política racista del apartheid en Sudáfrica. La población negra -que a la sazón era la originaria del lugar- era obligada a formar colas alejados de los blancos descendientes de los ingleses, a ocupar distintos lugares en los cines, en los autobuses y en cuanto lugar tuvieran que compartir.

Ahora bien, mucha gente se rasgaba las vestiduras por esto que era considerado un atropello, un exceso y se soprendía de las dimensiones que tomaba esta forma de separación social. Yo, sin embargo, estimo que esta es una de las formas menos peligrosas de racismo, porque ella hace evidente la oposición de grupos, la lucha de contrarios. Esta forma de separación "a la inglesa", es semejante a la que ocurrió en situaciones como el caso de los pieles rojas, exterminados en Norteamérica o los aborígenes australianos, casi borrados del mapa en Oceanía.

Cuando se da esta abierta oposición, no existe -para usar una frase de Bertold Bretch- un nosotros, sino un ellos y yo. No hay una comunidad de intereses. Y la respuesta del bando disminuído es, no solamente necesaria, sino completamente justificada.

Racismo inclusivo
¿Pero qué ocurre cuando una forma de racismo establece relaciones de "familiaridad" entre los grupos antagónicos? Lo que ocurre es que se bloquean las posibles soluciones violentas, se elimina lo que llamo la respuesta justificada y se liman las asperezas, mediante la aceptación de roles de mayor o menor importancia dentro de la sociedad.

Entonces tenemos que existe en apariencia la "comunidad de intereses" y que, ya que no han sido separados los grupos, se vive en una situación de igualdad en un universo que es como un todo.
País de todas las sangres
Palabras van, palabras vienen, el Perú es un país de todas las sangres, todas juntas, pero no siempre revueltas. Esto que puede sonar muy teórico lo vemos a diario en imégenes como la del afiche y en anuncios publicitarios en los que parece ser que el peruano promedio se parece a Brad Pitt.
El caso de la discriminación a los negros durante y después del coloniaje, es de alguna manera más evidente. No es extraño, aun hoy en día, encontrar un artículo en una revista peruana que trate el tema del racismo en el Perú y ponga la imagen de una persona de raza negra. Esto se debe a que, ya que fueron una suerte de mercancía -con un carácter netamente "cosificado"- en la relación español - negro, la oposición siempre fue más evidente.*
Sin embargo, es distinto cuando entramos a otros sectores de la población, Ahí nos movemos en terrenos pantanosos donde lo mejor parece ser no decir nada y dar por sentado que los cholos y los serranos se discriminan solos, o que somos brutos, pues (yo, mestizo ahí en el saco). Pero cuando hablamos de Machu Picchu, es distinto, ahí todos somos descendientes de los Incas. Ahí si somos andinos y vivimos orgullosos de "nuestros antepasados", como si los Incas, los Moches o los Waris hubieran sido peruanos. Y como si los descendientes de ellos, hubieran hecho la Independencia que con tanta pompa celebramos en julio.
¿No fue acaso la Independencia un acto criollo, y no fue acaso cierto que se siguió pagando tributo indígena con el eufemístico e irrisorio nombre de contribuciones indígenas? Y es cierto también que para los primeros años de la República las contribuciones -que de voluntarias y alegres no tenían nada-, eran al menos el trece por ciento del presupuesto nacional.
¿No es cierto, acaso que la carne de cañón en las guerras, no ha sido otra que la de la población indígena?
¿No resulta gracioso e hiriente ver a los shipibos acudiendo a votar en unas elecciones presidenciales que les son tan ajenas como un Ipod?
El afiche del mal
En medio de estas disquisiciones, vuelvo a ver el afiche y, es cierto, es solo una muestra de lo cotidiano. De lo que de tan evidente, dejamos de verlo ahí frente a nuestras narices en esta tierra de todas las sangres que llamamos Perú.
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*Con ello no quiero decir que sea menor o mejor, solo que es diferente, más "abierta".

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